19/7/13

Fonsi comenta a súa experiencia en Cíes

Jueves, 11 julio. Embarcamos hacia Cíes. Avanzaba la tarde y el sol luchaba por hacerse paso, pero apenas conseguía dejar un fino resplandor sobre el horizonte, mientras nosotros surcábamos un mar y un cielo gris, con la certeza de que el paraíso, ahora oculto, seguía allí, más allá de la niebla que nos rodeaba.
Llegamos a puerto, y aunque la neblina se acercaba lentamente, deslizándose por las crestas de la isla, entre nubes y claros, el sol todavía iluminaba el “Lago dos Nenos” en donde los múxeles, doradas y sargos nos dieron la bienvenida.


Casi nos despistamos del pulpo que, astuto, permanecía inmóvil, mimetizado en la roca.




Viernes, 12 de Julio. Por la mañana temprano pudimos comprobar cómo la niebla se había instalado también en la isla, empañando el horizonte y regando la diversa y hermosa flora de las dunas.


Los cinco, bien desayunados, bien dispuestos a poner nuestro granito de arena en la constante labor contra las alóctonas invasoras, nos pusimos a la faena, en buena armonía, sin rivalizar (en apariencia, jeje) por el número de plantas arrancadas.


Bien aprovechada la mañana, en el tiempo libre tuvimos la suerte de contemplar el hermoso azul turquesa de la playa de Nuestra Señora y disfrutar de las cristalinas aguas de Rodas en las que algún cormorán nos acompañaba en el baño.



Sábado, domingo y lunes, 13,14 y 15 de julio. Durante estos días nos dedicamos a la limpieza de playas y caminos. A ratos descansábamos la vista del suelo para observar en las rocas lejanas a los cormoranes y los ostreros. Acompañados siempre por las gaviotas y sus polluelos, que parecían saber de nuestra buena voluntad, pues apenas se asustaban de nuestra presencia cercana.


Recorrimos todos los caminos recogiendo colillas, plásticos, papeles..., con unas pinzas, de acertado diseño, que nuestras manos, y sobre todo, nuestras espaldas, agradecieron.


Y sin perdernos las explicaciones de Sergio, a cuyo ojo avizor no se le escapa nada. Sí, “nuestro” Sergio tiene bien educada la vista y la atención, que tanto pilla un minúsculo trozo de plástico como cualquier insecto, ave, pez o planta a su alrededor.


Durante todos estes días, a néboa paseouse canda nós, facendo aparecer e desaparecer toda a costa diante dos nosos ollos, que sen embargo, non conseguiu nublar en ningún momento. Máis ben ó contrario, propiciou que na oscuridade da noite neboenta, puidésemos contemplar a ardentía do mar, fenómeno bioluminiscente, moi ben explicado por Sergio, pero imposible de describir. Hai que velo e sentilo, en boa compaña como eu tiven ocasión con este estupendo grupo. E así pasaron os días, colaborando, aprendendo e gozando.
A José, Sergio, Xurxo y María, ¡ gracias !.   Fonsi